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Costa Brava, 6 lugares que debes visitar

La costa de Cataluña esconde rincones increíbles, pero sin duda la Costa Brava se lleva la palma por su belleza natural y salvaje.

La mezcla de pequeños pueblos medievales muy bien conservados, playas naturales entre acantilados y un mar limpio y bastante tranquilo hacen de la Costa Brava un lugar del que raramente te olvides.

Girona

girona
Si vienes desde Barcelona en coche, prácticamente se trata de la primera parada. Inesperadamente, se trata de una ciudad muy bella, tranquila y con un casco antiguo muy bonito para recorrer andando.
Desde la parte baja en que se encuentra el barrio judío puedes acercarte a ver un puente construido por Eiffel, cuya estructura es imposible que no te recuerde a la Torre Eiffel de París.
Éste y otros puentes, que sobrepasan el río Onyar, arrancan entre el enjambre de casas que se arremolinan en las orillas y que, guardando las distancias, recuerdan a las casas Colgadas de Cuenca.
Más adelante, te das de bruces con la Catedral, el Monestir de Sant Pere de Galligants y otros más, que junto con la muralla, que rodea esta parte de la ciudad, te transportan a la edad media.

Pals y Peratallada

pals
Saliendo desde Girona en dirección a la costa y pasando por La Bisbal d’Empordà (altamente recomendable parar allí a comer en la Pizzería del Tasmania) se accede a estos dos pueblos a los que el reloj se les paró hace 500 años.
Peratallada es apenas una pequeña villa que, a pesar de que está infestada de turistas, es fantástica pasearla entre callejuelas empedradas y muros de piedra decorados con flores y vegetación. Un lugar que embauca.
Pals es un poco más grande, ya que ha crecido entorno al casco. El paseo puede ser menos espectacular que el anterior, aunque merece mucho la pena porque tiene el premio de divisar el mar por primera vez: el Mediterráneo entre acantilados escarpados y unos islotes asomando a pocos cientos de metros de la costa. La vista es fantástica.

Calella de Palafrugell

calella de palafrugell
Parada obligada en tu recorrido, sobre todo si piensas ir en coche. A las afueras hay un par de calas entre acantilados de visita obligatoria: El Crit y El Golfet.
Dentro del propio pueblo, hay otra cala en la que se puede tomar el sol entre las barcas de pescadores que hay varadas en la arena. Además de una estampa curiosa, el agua está inesperadamente muy limpia y alrededor se amontonan establecimientos en los que se puede comer algún pescado capturado esa misma mañana.

Begur

begur
Subiendo por la costa se pasa por la Cala de Aiguablava, justo al lado del Parador. En verano, está a tope de turistas pero es un fantástico lugar para realizar buceo y snorkel. Hay varias empresas que realizan excursiones desde la misma playa.
Más adelante, se llega a Begur, que además de tener un par de playas que merece mucho la pena visitar y darse un bañito, recorrer sus calles es una auténtica pasada, mezcla de paisaje, construcciones medievales y el Mediterráneo como actores principales de este rincón de Girona.

Roses y Empuriabrava

Podríamos decir que es lo más parecido a una típica estampa de costa levantina. Edificios de hoteles y apartamentos muy cerca de una amplia playa muy bien cuidada y un paseo marítimo que surca ambas localidades. Es cierto que no cuadra con el resto de lugares pero tiene un ambiente familiar, tranquilo y cómodo para el viajero que merece la pena disfrutar.

Cadaqués

cadaqués
Último y más importante de todos los escondites que guarda esta joya del Mediterráneo. Refugio de Salvador Dalí durante muchos años, la foto de este viaje se la gana este pueblecito de casas blancas, ambiente nocturno, playas minúsculas y de cantos, agua cristalina y refrescante, restaurantes exquisitos con pescado fresco y, sobre todo, alucinantes paisajes que entremezclan acantilados de vértigo y pequeñas calas que se divisan a sus pies.
Desde allí, es obligado visitar el Faro de Cap de Creus -cuidado con las curvas y la carretera, que tiene mucho desnivel- y Portlligat, donde se encontraba realmente la residencia de Dalí. La visita a la casa no es nada del otro mundo, pero sirve para hacerse una idea de la excentricidad de este genio de la pintura: decoración sobrecargada, curiosidades y «obras de arte» que no se pueden catalogar dentro de ningún movimiento artístico. Por cierto, también hay varios de sus famosos huevos a lo largo de la finca del pintor.
Si me dejo algún sitio por recomendar, ayúdame. Deja tu aportación en los comentarios y ayuda a otros viajeros.
Alberto

Las 10 calas de Ibiza que no te puedes perder

La isla con más marcha del Mediterráneo también tiene algunas de las mejores playas

Aparte de ser uno de los lugares favoritos de vacaciones de famosos y amantes de la música tecno y la fiesta nocturna (y diurna), Ibiza es una isla preciosa perteneciente al archipiélago de las pitiusas -junto a Formentera, otra joya del Mediterráneo occidental.
Después de visitar y disfrutar playas y playas en sitios recónditos y paradisíacos, la conclusión que saco es que tenemos, sin duda alguna, las mejores playas del mundo en el mar Mediterráneo. No sólo por limpieza y accesibilidad, sino por la belleza salvaje y natural del paisaje entorno a estas.

Cala'n Bossa

Al lado de la ciudad de Ibiza y muy cerca del aeropuerto. Se caracteriza por su ambiente festivo y por sus cálidas aguas. Música y gente joven a todas horas en el famoso Bora Bora, además de actividades náuticas. Quizás una de las playas más»comerciales» de Ibiza pero que sin duda hay que visitar.

Ses Salines

Una cala bastante larga y con un par de chiringuitos donde comer o tomarse una cerveza cuesta un ojo de la cara, pero siempre hay gente que pasa entre las toallas ofreciendo fruta, bebida… Es probable que te cruces con algún famoso porque es la playa que suelen visitar. El parking sale por unos 5€.

Sa Caleta

Muy cerca de Ses Salines se encuentra este pequeño rincón de Ibiza que se caracteriza por estar enclavada en un pequeño acantilado. Con vistas en dirección a la Isla de Formentera y con una foto para el recuerdo desde un agujero en el propio acantilado al que se accede desde una cueva. Hay un restaurante en el que se come prácticamente en la playa. Eso sí, prepara la billetera.

Cala Salada y Cala Saladeta

Quizás una de las más auténticas y menos acondicionadas. Para llegar a ella hay que dejar el coche en un camino de tierra y bajar andando por un acantilado, por lo que es recomendable utilizar escarpines ya que es incómodo caminar con las chanclas. Es curioso ver como la gente se acomoda en la roca a los pies del acantilado a tomar el sol o descansar. Un magnífico sitio para hacer snorkel pues se amontonan gran cantidad de peces y el agua es cristalina y con mucha visibilidad. Verás a algún atrevido saltar desde alguna parte de la roca al mar. No hay que pagar parking.

Cala Aigües Blanques

En el este de la isla y bastante apartada del mogollón alrededor de la capital, se encuentra esta playa de arena de color rojizo que se caracteriza por tener un sector nudista y una zona de barros naturales. Es gracioso ver a la gente totalmente desnuda y embadurnada de barro seco tomar el sol o dando un paseo en la orilla. El agua, totalmente cristalina (de las más claras de toda la isla) deja a la vista una serie de islotes a los que se puede llegar a nado con facilidad. Si miras a la derecha desde la orilla divisas Tagomago, una isla privada y exclusiva que se alquila por un «módico» precio. Hacia la izquierda se distingue la caja de San Vicente.

Cala San Vicente

Cerca de la playa de Aigües Blanques y relativamente cerca del famoso Mercado de las Flores se encuentre este pequeño núcleo urbano, bastante tranquilo, pero con todas las opciones hosteleras a orillas del mar. Debido a que hay mayor competencia, uno se puede permitir sentarse en una terraza sin miedo a recibir una cuenta que le haga difícil digerir la comida. Quizás uno de los sitios más apropiados para acudir con familia e hijos a la isla.

Cala Benirrás

La playa de los hippies… sorprende por su belleza y ambiente. Al final encontrarás una pequeña comunidad hippy con un ambiente que invita a la gente a desinhibirse y envidiar, por unos momentos, su modo de vida despreocupado. El atardecer, con la música de sus tambores de fondo mientras el sol se esconde por el mar es, sencillamente, mágico.

Cala Conta

Una de las más frecuentadas y bellas playas de Ibiza. De nuevo, como ocurre con Benirrás o Cala D’Hort, es recomendable visitar por la tarde para observar la puesta de sol y alucinar con los matices de naranjas, rojos y rosas que toma el cielo. El agua es transparente y del característico color turquesa de las fotos de los folletos del Caribe. Al lado varios islotes entre los que destaca Conillera. Uno de los más grandes de los que rodean Ibiza. Al fondo de la playa también se puede ver la casa en la que solía veranear Elle MacPherson.

Cala D'Hort

Enfrente del magnético y majestuoso islote de Es Vedrá, se encuentra esta pequeña cala muy tranquila. El paisaje es impresionante, aunque hay que reconocer que no es una de las más cómodas, ya que parte de ella se encuentra en cuesta y la arena es ligeramente gruesa. Aún así, observar la belleza de la muralla de piedra que forma Es Vedrá a pocos metros de la orilla hace que merezca la pena visitarla.
¿Crees que me he dejado alguna cala importante que destacar? Deja un comentario y habla sobre ella
Alberto

Qué hacer en Formentera en un día

Disfrutar de esta maravilla en 12 frenéticas a la par que relajantes horas

Sí! Lo del fondo es un yate. Aquí la playa aún no está llena del todo y ya se ve bastante aglomeración de personas
A 30 minutos en ferry desde el puerto de Ibiza se encuentra el paraíso. Un paraíso muy caro y exclusivo al alcance de muy pocos bolsillos. Como dice algún lugareño mientras te quejas porque te ha cobrado 20 € por un bocata de atún con tomate y una lata de cerveza: «Venir de vacaciones a Formentera es caro: por eso yo vivo aquí». Sí, quizás esa sea una idea nada desdeñable… me imagino que el sueldo de un camarero en la hermana pequeña de las Pitiusas debe ser bastante majo.
El alojamiento, sobre todo en temporada alta, es un auténtico exceso. Por eso, tener el campo base en Ibiza e ir a pasar el día es algo bastante habitual entre los turistas. Lo normal es tomar el ferry ya que es la única forma de llegar (a no ser que tengas un yate o similar).
Al llegar al puerto de La Savina, lo primero que sorprende es la prácticamente nula infraestructura y núcleos urbanos que hay en la isla. En cualquier caso, lo mejor que se puede hacer allí nada más bajar del ferry es salir corriendo a alquilar una moto o un coche para visitar, en primer lugar, una de las mejores playas del mundo: Ses Illetes.
¿Qué se puede decir de Ses Illetes que no se haya podido decir ya? El mejor piropo que se puede hacer de este lugar es que las miles de fotos que te puedas encontrar en internet y que ponen los dientes largos a cualquiera son un fiel reflejo de lo que te vas a encontrar allí.
Ses Illetes se extiende por ambas orillas formando una lengua de arena. Elige orientación!
La playa es alucinante: arena blanca y fina, aguas de color turquesa y completamente transparente, islotes que asoman al fondo y a los que se puede llegar a nado con facilidad… y cientos de yates y veleros atracados frente a la isla. El paraje es cautivador. Sólo una pega: está a tope de gente, así que paciencia si te plantan una toalla al lado de la tuya sin dejar ni un centímetro de distancia.
Parking de motos de Ses Illetes. Uno de los pocos restaurantes de la playa: prepara la cartera
Como Ses Illetes está en la punta norte de la isla, hay una ruta a pie hasta llegar al pequeño estrecho que separa Formentera de otra isla deshabitada llamada S’Espalmador. Lo curioso es observar a gente cruzando el estrecho de apenas unos metros a pie o a nado para disfrutar de otras playas aún más desiertas y vírgenes.
La verdad es que Ses Illetes ya se merece un día completo, pero si tienes curiosidad por conocer otros rincones de la isla que se hizo famosa gracias a la película «Lucía y el sexo», relativamente cerca se encuentra Cala Saona, mucho más pequeña que la anterior pero con más comodidades.
Cala Saona al atardecer
Eso sí, le han planteado un hotel justo enfrente que no pega con el entorno. Al estar entre rocas, siempre hay más posibilidades de ver peces y fauna marina lo que es habitual ver varios tubos de snorkel merodeando en el agua. El atardecer desde aquí es fabuloso.
Por último, y antes de coger el ferry de vuelta a Ibiza, puedes ir a ver el atardecer a Cap de Barbaria, donde encuentra un faro al borde del acantilado desde el que se puede observar como el sol entra en el mar para desaparecer.
…Y seguro que se quedan muchos rincones increíbles por visitar, pero un día no da para más. Si te quedas con ganas, volver otro día para ver la zona de la Mola o la Playa de Mitgjorn es bastante factible: los ferries sale cada hora y comunican las dos islas en treinta minutos.
Y tu, ¿qué recomendarías de Formentera? Deja un comentario y comparte tu experiencia
Alberto